LOS JÓVENES POCO O NADA
IMPORTAN
"Los jóvenes poco o
nada importan" a muchos padres. Porque esos padres creen que los hijos los
deben entender y es, al contrario. Muchos padres no escuchan a los jóvenes, no
saben sus problemas, no conocen sus deseos, su color preferido, su música, no
se interesan en ellos.
Encerrados en sus
habitaciones, los padres les tienen computador, televisor y todos los aparatos
necesarios para que se queden ahí, para que no molesten, para que estén allí y
se comuniquen por todos los medios a su alcance con familiares y amigos.
Porque la comunicación en
las familias no existe. Desde hace muchos años, los hijos no se comunican con
sus padres, porque estos no aceptan muchas de las opiniones o ideas que los
hijos tienen. No pueden
"Los jóvenes poco o
nada importan ", porque si fuese verdad, sus títulos como egresados de las
universidades valdrían demasiado. Sus esfuerzos serían compensados, pero no es
así. ¿Cuántos de esos muchachos deben ir detrás de un político o cuántas de las
niñas deben aceptar lo que diga el jefe para poder tener un cargo?
Conozco muchos casos de
jóvenes que me han contado sus tristes historias en casa o en el colegio y más
triste, en la universidad. Muchos jóvenes se sienten un 0 en muchas partes...
Un joven me dijo que su
papá le pegaba por todo, lo gritaba y estaba aburrido en su casa. Quería irse.
No quería volver más al colegio. Tiene apenas 15 años y no desea nada. Su único
objetivo, el objetivo de su papá es que termine bachillerato y se ponga a
trabajar.
Recordé que, en alguna
ocasión, un padre de familia, en Tuluá, donde tuve una conferencia dirigida a
padres de familia, me decía que en su época los jóvenes eran distintos,
obedecían sin chistar y que correazos no faltaban, pero que respetaban o
respetaban. Y me preguntó: “¿Por qué los jóvenes de ahora no quieren obedecer y
respetar?”. Mi respuesta para él y para todos en el auditorio fue muy sencilla:
“Nuestra época fue otra. Estamos en el siglo XXI, siglo de tecnología y
elementos nuevos y que brindan a las jóvenes herramientas más rápidas para
comunicarse y para vivir, pero que lastimosamente, los padres no han sabido
manejar las distintas situaciones que se presentan día a día. No hay abrazos,
ni besos, ni caricias. No hay saludos o despedidas, sino frases fuertes,
reprimendas y poca conversación.”
Muchos niños quisieran
ser televisores para que sus padres los vean y les hablen. Porque al llegar a
casa, lo primero que les preguntan es: ¿Cómo te fue? Bueno sube a tu cuarto. O
también, perlas como: “perdona, pero estoy ocupado. Hablamos más tarde”
En estos días, leí algo
que escribió James Marulanda: “Quiero manifestar mi preocupación por un hecho
que se está volviendo pandémico en nuestra ciudad y es la de ver todos los días
a jóvenes inhalando pegante con sus
pertenencias al hombro y expeliendo olores nauseabundos que dejan muy mal parada a una ciudad como
Armenia capital del "paisaje cultural cafetero"....no tengo en
absoluto nada contra ellos, por el contrario me abigarra el alma y me causa
honda tristeza porque en ellos veo como
el futuro de nuestro país se derrumba al no tener un soporte físico y mental
que trace horizontes valederos para una Colombia que debiera brindar a nuestros
jóvenes una educación que prevenga estas conductas ....hago un llamado cabal y
sensato para quienes manejan el poder en nuestra capital para que por favor detengan esta escalada
humana de vidas que poco a poco van hacia el abismo sin que haya autoridad
alguna que tienda una mano amiga y
fomenten programas que saquen a los llamados habitantes de la calle de ese
mundo de tinieblas en el que se encuentran...”
Mi respuesta inmediata
fue: James, los jóvenes poco o nada importan...
“Es que los jóvenes de
hoy…” “Es que en mi época…”. “Es que se perdieron los valores…”. No, no es eso.
Ni son los jóvenes de hoy, ni se perdieron los valores, ni es la época. Somos
nosotros.
Yo solo sé que los
jóvenes sí importan…