“MAMI, ¿QUÉ ES OPACO?”
Estaba
buscando un texto para poner en Facebook o escribir algo nuevo y bastó con
hablar con mi hija y su hija para darme cuenta que ya podía preparar una nueva
nota.
Este
sábado en la mañana, entré a Skype, porque mi hija me estaba diciendo que
deseaba conversar conmigo. Estaba casi lista para salir a natación, pues cerca
al condominio donde viven hay piscina y cada sábado sus clases van sin falta.
El sábado anterior mi hija la grabó cuando empezaba a nadar y de pronto,
faltando poco para llegar al otro lado, Isabella se detuvo. Hasta ahí llegó el
vídeo. Llamé a mi hija y le pregunté que qué había pasado y me contó que la
niña había olvidado ponerse las aletas y las gafas de natación. Se detuvo
porque quería descansar, pero que llegó al otro lado.
Cuando
por fin pude hacerlo, empezamos a charlar, a reírnos e Isabella a hablar en
francés o inglés, pero conmigo, no. No quería saber nada de otro idioma. “Con
mi familia no quiero hablar sino en español” fue la orden que me dio. Nada de
inglés o francés.
La
charla se hizo interesante, porque Isabella empieza sus clases de piano este
lunes, me contó mi hija. Todo, porque alguien le dijo que sus manos eran tan
suaves como las de un pianista. Eso le quedó sonando y entonces tenía a la mamá
“azotada” con las clases de piano.
Se
fue tornando en un sueño, su sueño y como tiene tíos y primos que son músicos,
pues ni modo. No le quedó a mi hija más remedio que matricularla en clases de
piano. Ahora resultará una estrella en el piano y me sentiré orgulloso de mi
futura pianista.
La
charla prosiguió con historias sobre su vida en Canadá y las locuras de
Isabella en todas partes.
De
pronto, como por encanto, la pantalla del computador se opacó y casi no se
veían. Revisé mi computador, pero estaba bien y le dije a mi hija que revisara
el computador de ella. Después, le dije: “hija, te veo opaca. Está todo opaco”.
Mi hija entendió y al fondo, allá en su habitación, Isabella gritó: “Mami, ¿qué
es opaco?”
Inmediatamente
mi hija le explicó que opaco era oscuro, casi negro. Isabella, con el candor,
la ternura y la simpleza de siempre, replicó:
“¡Mami,
tú eres opaca!”
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