El
maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está
tratando de forjar un hierro frío. Horace Mann
He recorrido el
Quindío, visitando muchos colegios. Lo he hecho, porque he tenido la
oportunidad de realizar dichas visitas, gracias a diferentes factores. He
conocido rectores buenos, regulares y otros a punto de pensionarse. He
conversado con docentes felices porque saben qué están haciendo, otros con cara
de resignación, porque no encontraron más para hacer. He visto docentes
dictando clases en muchos de los colegios.
En algunos centros
educativos, encontré poco material de enseñanza, en otros, el material
arrumado, recogido. Computadores en cero uso, por falta de algunos elementos o
porque eran pocos, teniendo en cuenta la cantidad de estudiantes. En un
colegio, los libros que deberían estar en la biblioteca, en un espacio poco
común. En la “pieza de atrás, donde se guarda lo que no sirve, lo que estorba”
Conozco las
universidades en Armenia. Envidio a algunas en otras ciudades.
He sido docente en
colegios y universidades, durante muchos años. Siempre me encantó enseñar. Mis
últimos años en la Universidad del Quindío fueron geniales. La utilización del
computador en mis sesiones y el sentarnos a discutir, hablar de los diferentes
temas de clase junto a un árbol frente a la Biblioteca infantil, eran mi mayor
pasión. Sentía que habían cambiado en mucho mi estilo, mi metodología, mi forma
de transmitir.
Sesiones donde había
música, teatro, frases, libros, todo eso ayudaba a mis estudiantes a cambiar el
concepto de enseñanza. Cada día yo aprendía mucho más. En estos días, pleno
siglo XXI, me enteré que hay docentes que se quedaron muy atrás. Son docentes
jóvenes, profesionales que han sido educados para ser profesores.
Muchos docentes no
saben lo que es enseñar o se hacen los que no entienden. Lo peor, no saben
educar. Porque he encontrado jóvenes docentes que ni son creativos, ni tienen
las suficientes agallas para educar, para dejar huella. Los conmueve el examen,
la nota, las calificaciones, sin importar lo que su alumno hace, construye,
demuestra.
Es muy triste que un
docente califique lo que no debe a un alumno que rinde el máximo. Los
estudiantes demuestran capacidades y son creativos, pero algunos docentes son
anticuados e incoherentes con lo que dicen y hacen.
¿Por qué todavía hay
docentes siglo XIX en instituciones que se dicen siglo XX, no XXI? Lo más grave
es que son docentes jóvenes, docentes que uno imagina tienen nuevas ideas, son
creativos y con ganas de que sus estudiantes sean excelentes. Pero no, son
docentes jóvenes con ideas retrógradas.
Digamos que es una
protesta sana, sincera y concreta. Los docentes jóvenes deben motivar,
incentivar, transmitir conocimientos con ganas, buscando esa creatividad de
niños y jóvenes. No pueden ser docentes pasivos, rancios. Deben ser docentes
con ideas renovadoras. Que la educación abra el paso a nuevas ideas. Una
educación que deje huella en niños y jóvenes.
Los salones de clase,
en muchos casos, son aburridores para materias que deben ser demasiado
prácticas, agradables, adecuadas a la época, al momento, a los cambios.
Educación siglo XXI con
nuevas ideas, conceptos, estilos. Aquí si caben las palabras creatividad y
actualización. Que muchos se den cuenta y cambien esa actitud pasiva y
retrógrada por algo nuevo y diferente.
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